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Poeta José Martiniano Paredes

Desvelado fusil

A mi hijo Osvaldo Luis

Yo no sé porqué tengo
un fusil en las manos,
un fusil que sostengo
como se tiene a un niño,
entre los brazos.
Puedo preguntarme:
¿Es un fusil acaso?

Han labrado los días en mi rostro
un duro gesto de quebracho.
Tras él puedo ocultar
que solamente soy un hombre manso.
Para empuñar un fusil y estar alerta
decidido a matar, es necesario
un desprecio total por uno mismo;
un odio espeso y bárbaro
despeñándose oscuro por la sangre
como un alud amargo.

Tal vez no padecí larga injusticia
ni he sido despojado
de los bienes queridos que más duelen…
Acaso no lloré desconsolado
sobre inútiles ruinas…
o ya lo he olvidado.

Hoy empuño un fusil
y estoy atrincherado
circuido por muros transparentes
viajeros con mis pasos.
Con ellos voy ahora a todas partes;
con ellos ha quedado clausurado
el mensaje de amor que trascendía
de la palabra: ¡¡Hermano!!

Cayó la muerte poco a poco
sobre mi propio campo.
Lo que quería defender y conservar,
¡yo mismo hice pedazos!
Escombros se amontonan en la entraña,
cenizas en los párpados.
¡Estoy aniquilando la raíz
mas esencial del árbol!

Saldré del parapeto sólo a guerrear conmigo.
¡Necesito horizonte por los cuatro costados!
¡Algo mío ha quedado más allá de los muros,
para siempre enterrado!
Ahora que me crecen mil brazos fraternales,
¡la dimensión del mundo alcanzo!

Al fusil
desvelado,
le ha nacido un enorme
corazón
de pájaro!!

Rostro de América – 1986 –

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