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Poeta José Martiniano Paredes

Rostro de América

A mi hijo José Adolfo En el rostro de cada hombre arraigado a este suelo, está reproducido el mío, moreno. La misma arcilla nos integra y son los mismos alfareros, los que siempre nos modelan por afuera y por adentro. Cuando la tierra es parte de uno mismo, pasa y[…]

La Rioja es así

I Llegar a La Rioja solo alegra al riojano, se ha dicho; es eso cierto. otros lares atraen con más fuerza al viajero común, que nuestro suelo. Se ha pregonado tanto tu pobreza que nombrarte produce desaliento. Será siempre lo mismo, dulce Rioja, mientras no te conozcan, según creo. Por[…]

En mis días atardecidos

A mi hija Maricel Aunque estoy en el tiempo que señala el promedio normal de nuestra vida, veo todas las cosas, con espíritu sereno y optimista. Algunas son solo proyectos. Esperanzas. Sueños que siguen aguardando todavía y antes de ser motivos de ansiedad, me proporcionan la recóndita alegría del destino[…]

Desvelado fusil

A mi hijo Osvaldo Luis Yo no sé porqué tengo un fusil en las manos, un fusil que sostengo como se tiene a un niño, entre los brazos. Puedo preguntarme: ¿Es un fusil acaso? Han labrado los días en mi rostro un duro gesto de quebracho. Tras él puedo ocultar[…]

Despedida Rotary

Siendo Gobernador del Distrito 481 de Rotary Internacional, en uno de los congresos en que participa, José Paredes pronuncia el discurso de despedida. Para ese momento, escribió este pequeño poema que no se encuentra publicado en ningún libro. Lo que en el mundo cuenta Es el contacto humano. Es el[…]

Aquel niño conmigo

Despedazada imagen de un tiempo mas soñado que vivido. Recuerdo que iba entonces un niño asombrado conmigo. ¡Se quedo rezagado en el camino! ¡El trajín azaroso de los días, lo empuja hacia el olvido! ¡No, no le era posible vivir en esta atmósfera en que vivo; con esta razón calculadora;[…]

A un carrero riojano

Tres mulas tiran un carro desvencijado, ruidoso, que ya se aleja del pueblo entre una nube de polvo. Va castigando las bestias con su látigo sonoro, un mozo rudo, atezado… ¡Miradle bien en el rostro el sufrimiento pintado y la bondad en los ojos! Anudado al cuello lleva siempre un[…]

A un campesino riojano

Debió tener el alma como el campo castigado por soles y sequías, así como ese monte achaparrado, erizado de espinas, que sólo se empenacha en primavera con la ofrenda mezquina de algunos escasos ramilletes de flores amarillas. Empuñando la herramienta con firmeza y baquía, abrió el claro preciso para el[…]