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Poeta José Martiniano Paredes

Aquel niño conmigo

Despedazada imagen
de un tiempo mas soñado que vivido.
Recuerdo que iba entonces
un niño
asombrado
conmigo.
¡Se quedo rezagado
en el camino!
¡El trajín azaroso de los días,
lo empuja hacia el olvido!
¡No, no le era posible vivir
en esta atmósfera en que vivo;
con esta razón calculadora;
bajo este agobio de prejuicios;
acosado por golpes despiadados;
dando tumbos en este torbellino
que nos hace sangrar y nos arrastra
a su capricho!
En el rincón más remoto de la entraña,
alcanzo a oír su grito.
Si hacia el van los brazos,
solamente encuentran el vacío.
¡Atrás ha quedado, ya lejano,
el aire de su cielo limpio!
Hubo una vez un hombre,
que, entre los hombres, hace siglos, dijo:
-“dejad que los niños vengan hacia mí;
que ocupen mi corazón; que vivan en mi espíritu…”
Sus palabras ambulan desoídas…!
Creyéndonos más íntegros,
desterramos la dulzura de creer
sin testimonios; destruimos
la maravilla simple del asombro,
ante los hechos mínimos.
Del distante resplandor
asoma, a veces, un atisbo
entre el gozo y el llanto,
con que abrazo a mis hijos.
¡Oh, hermano de la tierra toda!
Cuando el amor me acerca a tu destino,
regresa, desde el fondo de la sangre,
el niño
de luz, que iba asombrado,
conmigo.

Rioja de mi canto – 1953 –

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